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Pacíficos batasunos gallegos a este vecino de Vigo: "Facha, quita la bandera. Primer aviso"

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Un vecino de Santa Cristina de Lavadores, Pablo Correa, denunció este 5 de diciembre de 2017 a la policía que sufrió una pintada amenazadora por colocar en la fachada de su vivienda una bandera española de cinco metros de anchura. En ella ha impreso el escudo de Asturias, donde empezó la Reconquista, el antiguo emblema de Galicia y, en medio, el de Carlos V con las dos águilas bicéfalas, símbolo que usaron los Habsburgo. Correa aclara que este escudo es diferente al de la época de Franco, que tenía el águila de San Juan.

En la insignia ha colocado el lema: «Una, Cristiana», en referencia a España. «Yo no soy católico, tampoco testigo de Jehová», aclara Correa, que tiene sus propias ideas sobre la religión. Este protésico dental nació en Venezuela hace 53 años. De padres y abuelos vigueses retornó a la ciudad, donde se estableció hace treinta años.

Este ciudadano colocó la bandera en la fachada de su casa con motivo de lo que estaba ocurriendo en Cataluña. Cuenta que a finales de septiembre «prácticamente se habían agotado todas las banderas en Vigo y esta la encontré en una pequeña mercería del centro». Compró cinco metros de tela, le colocó soportes para colgarla adecuadamente en la fachada y que no se moviese con el viento y estampó los escudos en una tienda de imprimación. La bandera le costó 15 euros a los que hay que añadir los 35 de la impresión heráldica.

El pasado domingo fue a pernoctar a casa de su hermano porque tenía que hacerse unas pruebas médicas en el Hospital Meixoeiro y tenía que acudir a la consulta las ocho de la mañana y su familiar vive más cerca del centro sanitario. A la vuelta se encontró con la pintada con el siguiente texto: «Facha, quita a bandeira. Primeiro aviso».

«No la voy a quitar y echo de menos que otros vecinos no la pongan. Vivir con miedo en tu propia casa sería lo último. Si no se pueden expresar las ideas, ¿de qué libertad estamos hablando?», se pregunta Correa que ha denunciado a la policía lo que él entiende como una actitud xenófoba y de odio. En su opinión la pintada le hace «más daño al que lo escribió que a mí». «¿Cuál va a ser el siguiente paso? ¿Un cóctel molotov? ¿Subir al balcón y quitar la bandera? Los gallegos somos pacíficos», apostilla.

Numeroso conductores que circulan a diario por la calle Severino Cobas se sorprenden al ver la fachada. Algunos, al verle, se paran para expresarle su solidaridad. «Esto es una faena», lamenta una joven motorista que se detiene para mostrar su apoyo. Luce en el casco otra bandera de España y la figura del canario de dibujos animados Piolín. Sabe lo que es la hostilidad a los que defienden la enseña del Estado porque ha estado en Barcelona «destinada en Barcelona en el barco». Otros conductores en cambio pasan de largo mientras ponen caras de estupefacción.

Pablo Correa asegura que respeta «todas las banderas: la estelada, la del burro, la del dinoseto» y lamenta la situación a la que hemos llegado. «¿Qué hacemos ahora con el País Vasco, donde la gente todavía tiene miedo a hablar o cómo podemos resolver lo de Cataluña si se presentan a las elecciones los mismos que la han llevado a la situación en la que está?», dice este profesional del ámbito de la salud que reclama que la gente se exprese con valentía y que ponga los símbolos que quiera en sus ventanas.

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