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Hace 70 años que murió H.G. Wells, el padre de la ciencia-ficción

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El británico H.G. Wells nació en Bromley en 1866 y falleció en Londres en 1946.

Un accidente infantil por el que se rompió la tibia y su larga convalecencia lo obligaron a permanecer durante meses en reposo. Con ocho años de edad, esta impuesta quietud propició el descubrimiento de la lectura y en particular, guiado por su padre, de autores como C. Dickens o W. Irving.

En su juventud, Wells estudió biología en la Normal School of Science de Londres, y alejado del humanismo clásico, se situó en una posición más cercana a las ciencias, que le proporcionó buena parte de la energía creadora que nutrió su trayectoria como novelista.

Su producción podría dividirse en tres etapas: la de novela científica, la familiar y la sociológica. La novela científica comenzó con el fin de la Segunda Guerra Mundial y se convirtió pronto en un género popular, y las escritas por Wells son obras maestras del género gracias a su interés científico, así como a sus sólidas estructuras estilísticas y a su prodigio imaginativo. Basta como ejemplo la primera de ellas, La máquina del tiempo (1895), en la que el inventor de la máquina puede viajar hacia el pasado o el futuro con un sencillo movimiento de palanca.

El protagonista viaja al año 802701 y contempla un panorama patético, consecuencia de la doctrina evolucionista, en un mundo habitado por dos especies humanoides: los eloi, vegetarianos ociosos, apacibles y simpáticos, desprovistos de inteligencia, y los desalmados y terribles morlocks, habitantes del subsuelo y herederos de las clases sojuzgadas, que de vez en cuando suben a la superficie para devorar a los eloi.

A ésta le siguieron La visita maravillosa (1895) y El hombre invisible (1897). Muchos de los inventos y procedimientos científicos que marcaron el siglo XX fueron imaginados por Wells a finales del XIX, tales como la bomba atómica, y aparecen en novelas como La isla del Dr Moreau (1896), El primer hombre en la luna (1901), Manjar de dioses (1904) o La guerra en el aire (1908).

Kipps (1908) fue su primera novela familiar, a la que le siguió Tono-Bungay (1909), una notable sátira sobre la sociedad inglesa de finales del siglo XIX y la aparición de los nuevos ricos".

A ésta le siguieron Ann Verónica (1909), The History of Mr. Polly (1910) y Matrimonio (1912). La novela sociológica o didáctica de Wells es la que comprende más títulos, de los que se destacan El nuevo Maquiavelo (1911) y El mundo liberado (1914), en la que describe una guerra europea realizada con bombas atómicas y radioactividad.

El autor publicó más de ochenta títulos en los que siguió la tradición de J. Bunyan y D. Defoe al margen de la influencia que los autores franceses y rusos ejercían sobre novelistas contemporáneos suyos como H. James, G. Moore y J. Conrad.

LA EDAD DE PIEDRA DE LA LITERATURA DE CIENCIA FICCIÓN

Dentro de toda esta literatura que constituiría algo así como la edad de piedra de lo que consideramos que es la ciencia-ficción, aparece en Francia una primera excepción digna de ser reseñada con todas las matizaciones que sean precisas. Esta excepción se llama Jules Verne.

Nacido en Nantes en 1828 y muerto en los primeros años de nuestro siglo (1905), Verne obtuvo a los 36 años de edad y con la publicación de Cinco semanas en globo un éxito que compensó ampliamente sus anteriores fracasos como autor teatral. A partir de entonces se consagra a la novela de aventuras convirtiéndose en uno de los escritores más populares de su época.

Novelas como Viaje al centro de la tierra, Veinte míl leguas de viaje submarino o La isla misteriosa se reeditan hoy en todo el mundo, habiendo alcanzado también un gran éxito sus versiones cinematográficas.

Además Jules Verne, que durante tiempo fue considerado un escritor para niños, ha calado en los últimos años en un tipo de lector maduro que ha sabido encontrar en el alto valor simbólico de sus personajes un reflejo de sus propias fantasías.

El término ciencia-ficción, traducción del Science-fiction bajo el que circula este género en el mundo anglosajón, no comenzó a usarse hasta el año 1927. Y no conviene aplicarlo todavía a la narrativa de Verne por cuanto Verne no escribió cíencia-ficcíon, sino novela científica.

Con este término designaremos a aquella clase de narrativa en cuya trama argumental, y como elemento esencial de la misma, aparezcan descubrimientos científicos, imaginarios o reales, en torno a los cuales gire la acción de la novela.

En Verne se dan estas condiciones y, si bien los adelantos científicos que muestra aparecen en su época como posibles, la crítica que de él se hace desde el mundo de la ciencia-ficción es que no profundiza bastante en la problemática social que generarían tales adelantos.

Que Verne sea o no un precursor de la ciencia-ficción es algo que se ha discutido con frecuencia. Desde nuestro punto de vista, no hay ninguna duda de que es así, y no sólo por el hecho de que en sus novelas combina sabiamente las aventuras con elementos científicos imaginarios, sino también porque en su obra se dan de forma más o menos explícita reflexiones que atañen al porvenir de la ciencia y del hombre en un mundo dominado por ella.

Tras esta primera excepción de novela científica de calidad, aparece de nuevo en Europa (en Inglaterra esta vez) un segundo foco de irradiación en la figura del escritor Herbert George Wells (1866-1946), cronológicamente posterior a Jules Verne.

La formación de este escritor, de cuya biografía nos ocuparemos más extensamente en el apéndice de esta obra, eminentemente científica. Había estudiado ciencias tales (con Huxley) en la universidad de Londres y llegó a publicar un manual de biología.

No hay duda de que esta base científica influyó notablemente en su actividad como escritor de anticipación, Sus novelas La máquina del tiempo, El hombre invisible y La guerra de los mundos obtuvieron pronto un éxito notable, siendo inevitablemente comparadas con las de Verne no ya por la asociación temática, sino sobre todo por la minuciosa elaboración y el cuidado formal común en la obra de ambos escritores.

Pero es preciso hacer notar que Wells, aparte de poseer bagaje científico considerable, es un autor muy politizado, que observa con cierta distancia crítica los adelantos de sociedad industrial.

La combinación de ambas tendencias darán lugar a un tipo de escritura más «realista» que la de Verne y en la que subyace siempre un cierto pesimismo sobre el futuro de la humanidad. Este pesimismo habría de aumentar con el inicio de la segunda guerra mundial, marcado por los primeros descubrimientos de la era atómica.

La discusión sobre si Wells es un precursor o no de la novela de ciencia-ficción se ha desarrollado en semejantes términos a la sostenida a propósito de Verne.

Desde nuestro punto de vista no hay ninguna duda de que se trata de un escritor de novela científica de anticipación, y en ese sentido, aunque también por las connotaciones ideológicas presentes en su obra, nos parece el inmediato precursor del género.

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Salsa Rosa Cultura Ciencia

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