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Colón, Cervantes... y ahora también Santa Teresa eran catalanes

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Decía Groucho Marx que tenía unos principios. “Pero si a usted no le parecen bien, tengo aquí otros”, espetaba a un interlocutor. Algo parecido ocurre con los independentistas y la historia. Tienen una, porque la historia es la que es. Pero si a alguien no le interesa, no hay problema: tienen otra, por inverosímil que parezca o por teorías estrambóticas que contenga. Porque si algo ha producido el independentismo en los últimos años ha sido una caterva de seudocientíficos o seudoeruditos que se dedican en cuerpo y alma a diseñar teorías para justificar la catalanidad de hechos o personajes que la historia ha contado de manera diferente.

Las rocambolescas teorías defendidas por supuestos eruditos, refieren, por ejemplo, que el padre Bartomeu Casaus era el verdadero nombre de Fray Bartolomé de las Casas. Y que Juan Sebastián Elcano era, en realidad, Joan Caçinera del Canós. Incluso hay quien asegura que Hernán Cortés era Ferran Cortès, Miguel de Cervantes era Joan Miquel Servent o Gonzalo Fernández de Córdoba era el almirante Joan Ramon Folc de Cardona. Llegan a afirmar algunos que Marco Polo fue un personaje de ficción, mientras que el verdadero viajero del siglo XIII fue Jaume Alarich, catalán para más señas, aunque en esta ocasión “de Perpinyà”, o sea, de la “Catalunya Nord”.


La polémica más conocida es la que trata de explicar los orígenes catalanes de Cristóbal Colón. El profesor Jordi Bilbeny sostiene que su verdadero nombre era Joan y descendía de una familia bien catalana. Además, asegura que la partida hacia América se produjo desde el puerto de Pals, en la Costa Brava, y no desde Palos de Moguer.

Bilbeny es un controvertido investigador que se jacta de haber revelado la verdadera identidad del descubridor de América: su nombre era, en realidad Joan Colom i Bertran, nieto del fundador del primer banco público del mundo y antepasado directo del actual presidente de la Generalitat, Artur Mas. El profesor, además, forma parte de un grupo de pretendidos intelectuales agrupados en torno al Institut Nova Història (INH) que defienden que el descubrimiento de América no se llevó acabo por españoles, sino por catalanes y que una gran conspiración española (de Castilla, para ser más concretos), falsificó la historia para robar la gloria a los verdaderos descubridores. Suya es también la teoría de que La Celestina y El Lazarillo de Tormes son obras catalanas robadas por Castilla, esta última escrita por Joan Timoneda. Sus teorías son tan sólidas que una de ellas pretende demostrar que la bandera de los Estados Unidos es una evolución lógica de la senyera catalana. Así, con un par.

El hijo ‘secreto’ de Colón

Pero no es el único en abonarse a teorías alucinantes. Pep Mayola, un supuesto investigador (no consta ninguna licenciatura universitaria suya) presentó hace pocas semanas sus conclusiones sobre Erasmo de Rotterdam, que ni se llamaba Erasmo ni era de Rotterdam: en realidad, según Mayolas, era el segundo hijo de Cristóbal Colón y era catalán, de nombre Ferran. El asunto debe de ser importante, porque incluso un diario como La Vanguardia le dedicó una contraportada a finales del pasado mes de abril.  En ella, Mayolas explicaba que todo el descubrimiento se hizo desde Cataluña y luego Fernando el Católico lo castellanizó por miedo a que Colón pudiera arrebatarle el trono, ya que provenía de una rama real de Portugal. Lo más sorprendente de las teorías del supuesto investigador es su fuente de inspiración: “Si no hay documentos, ¿cómo llega a estas conclusiones?”, le pregunta la entrevistadora. “Se trata de leer entre líneas, de no creer según qué. La historia es una ciencia y evoluciona”, responde.

Esta evolución es la que lleva a la hilaridad al escuchar las extravagantes teorías de Víctor Cucurull, historiador y miembro del secretariado de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC). En junio del año pasado, Cucurull pronunció una conferencia bajo el lema "La otra historia de Cataluña" y subtitulada "La restitución de nuestra historia a la hora de recuperar el Estado propio". Resúmenes de esta conferencia circulan por la red con montajes que incitan a la vergüenza ajena. Los independentistas aseguran que esos montajes manipulan el verdadero sentido de la conferencia. El Confidencial ha podido localizar la charla íntegra y su contenido es punto por punto fiel con lo que dicen los resúmenes que ponen en evidencia las alucinantes teorías allí expresadas ante un público entregado.

Cucurull afirma que los orígenes de la “nación catalana” se remontan al siglo VII antes de Cristo y que esta fue “la primera nación del mundo”. No sólo eso: en el siglo XI ya constituyó una Sociedad de Naciones, muy adelantada a la Sociedad de Naciones del siglo XX que daría lugar a la ONU. No se queda ahí: “Era un proyecto político de una madurez, una modernidad, una radicalidad democrática tal que hizo que los catalanes de finales del siglo XV fuesen tan importantes en aquel momento como lo han sido en la segunda mitad del siglo XX los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Alguien se imagina cómo explicar a nuestros nietos la segunda mitad del siglo XX borrando, suprimiendo, eliminando de la historia a los Estados Unidos? ¿Os imagináis qué cantidad de disparates habríamos de decir? Lo mismo pasa con la historia de Cataluña, que fue la nación más importante del mundo desde el último tercio del siglo XV hasta la mitad del siglo XVI. La más importante del mundo”. Vamos, que sólo le faltaban los marines.

Dos santos muy catalanes

Sus teorías pasan por la catalanización de Teresa de Jesús. “Estoy en condiciones de poderos asegurar que Santa Teresa sería todo lo Santa Teresa que queráis, pero no era de Ávila. Nació en Barcelona”. Su teoría, que coincide con la de Bilbeny, es que se llamaba en realidad Teresa Enríquez de Cardona. “Era una catalana de arriba abajo, abadesa del monasterio de Piedras Albas, que dicen ellos, es decir, de Pedralbes, durante 41 años”, argumenta Cucurull.

Y esta santa se embarca en una reforma de la Iglesia junto a otro “catalán” ilustre: San Ignacio de Loyola, que ni era Ignacio ni de Loyola, sino que nació en Orihuela (en Alicante, o sea, en los Països Catalans) y se llamaba Íñigo. Además, estuvo muy arraigado a Manresa (centro de fabricación de pólvora para el rey Fernando el Católico), donde se convirtió y luego pasó a Montserrat. Sobre ambas figuras extendía su manto protectora el rey “Carlos I de España y V de Alemania, que hizo su campaña electoral (sic) en Barcelona, porque vivió aquí”. Ello se debía a que Castilla era el país más pobre de Europa y no tenía ni siquiera caminos de carro, sino caminos para ganado.

Estatuas de Don Quijote y Sancho Panza en Alcalá de Henares. (Reuters)Estatuas de Don Quijote y Sancho Panza en Alcalá de Henares. (Reuters)

El dirigente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) también da un papel preponderante a Cataluña en Roma. “Roma no comenzó a ser la capital que es hasta que no entraron los catalanes”, asegura. Y reivindica, asimismo, que la partida de nacimiento de Miguel de Cervantes está falsificada y que este se llamaba en realidad Miquel Servent, además de haber escrito El Quijote en catalán. Otra de sus teorías es que el nombre de América no se debe a Américo Vespucio, ya que no existió: en realidad, se llamaba Aymerich Despuig y era el cosmógrafo de Colón. Catalán, claro.

En América, también dejaron sus huellas los catalanes: por ejemplo, en 1802, cuando se sublevó la ciudad de Buenos Aires, fueron los catalanes los que encabezaron la protesta que les llevaría a la independencia. Y el ejército con que contaron eran los Miñones, es decir, un ejército formado íntegramente por catalanes.

Que Cataluña era el ombligo del mundo es algo que sólo algunos privilegiados conocían. Por ejemplo, “se busca desde hace años a Tartesos, la capital de los íberos. La buscan en Cádiz, por el sur… Pero se ha de tener una viga en el ojo para no ver que esa capital todavía existe y se llama igual: Tortosa. Esa fue la primera capital de la protonación catalana”.

El pasado mes de febrero, Cucurull pronunció una conferencia en Vilafranca del Penedès donde aseguró que Colón provenía de una masía cercana a la localidad de Gelida (o sea, una nueva teoría) y que fue un judío converso valenciano quien financió el primer viaje a América con 16.000 ducados.

Cataluña se apropia de Leonardo

De la revisión de la historia no se libran ni siquiera personajes como Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Sobre ellos, Pep Mayolas elabora una desquiciante teoría: Pizarro era en realidad Francesc de Pinós de So i Carròs. Por contracción de los apellidos, se llega al Piçarro que pasaría luego a la historia. Y Almagro era en realidad Jaume d’Aragó-Dalmau, que pasa a convertirse en Almagro también por contracción de sus apellidos, ambos de familia real.

El último que está sobre el punto de mira de los catalanistas recalcitrantes es Leonardo da Vinci: en el blasón de su familia hay un escudo con tres rayas rojas verticales. El historiador José Luis Espejo sostiene que Leonardo puede provenir de una familia catalana y que estuvo al menos dos veces en Cataluña. Fundamenta su hipótesis en que el escudo es idéntico al de Mallorca, “así como en el hecho de que es la villa de Vinçà, tal vez el topónimo que dio pie a su apellido”. Además, apunta a que el apellido Vinçà es muy común en Cataluña y que durante más de un año se recluyó en Montserrat, donde supuestamente estudió alquimia y pintó dos cuadros. Porque, asegura, “la alquimia nació en Cataluña”. Espejo incluso llega a afirmar que la sonrisa de La Gioconda es la de la Virgen de Montserrat y que esta montaña aparece en el fondo del cuadro.

Y una guinda: ¿sabía el lector que Santa Klaus o San Nicolás no es un personaje tan lejano a nosotros? El pretendido historiador Pau Tobar siguió su rastro y determinó, con la anuencia del Institut de Nova Història, que el mito se fraguó en Holanda, pues a Ámsterdam llegaba cada año un barco desde Alicante cargado de naranjas y granadas. Ahí nació la leyenda del obeso personaje, al que acompañaba Zwarte Pieten, o sea, Pere el Negre, “un morisco que se encarga de meter dentro del saco y llevar a España los niños y niñas malos”. El principal dato que se utiliza para sustentar la teoría es “el hecho de que el patrón de Alicante es, precisamente, San Nicolás y se celebra el 6 de diciembre, el día de la conquista de la ciudad”. Ese era el día que llegaba el barco a Ámsterdam.

El recelo de algunos independentistas

Otro pequeño ejemplo: Víctor Cucurull niega que Carlos I se retirase al monasterio de Yuste tras abdicar en Felipe II. “Es que estamos hablando del amo del mundo. Carlos I era el amo del mundo. ¿Y cómo se le puede ocurrir ir al culo del mundo a morirse de aburrimiento? Es imposible. Nos dicen que se retiró con sus amigos, con Juan de Austria (sic), con Andrea Doria, con las personalidades bomba de la historia…  ¡y se van todos a Extremadura!... ¿Cómo nos podemos llegar a creer unos disparates de esta magnitud? Carlos I se retiró al monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en la frontera de Badalona y Santa Coloma de Gramenet, porque había vivido en el palacio de Recasens, justo delante de Sant Just i Pastor, que era donde vivía y despachaba”.

Víctor Cucurull.Víctor Cucurull.

En esa dirección era donde Ignacio de Loyola citaba a sus innumerables amigas… todo ello, claro, explicado con una pretendida seriedad que intenta despejar cualquier duda y que acaba en auténtico esperpento. Un leve apunte: Víctor Cucurull fue el decimoquinto miembro del secretariado de la ANC (de la cuarentena que tiene) más votado en las elecciones que esta plataforma celebró en el mes de mayo, lo que arroja un manto de preocupación sobre la seriedad de la composición de la cúpula independentista.

Es cierto, además, que todas estas teorías molestan, y mucho, a los independentistas serios. “El tema de Colón se basa en historias ficticias que están medianamente bien hilvanadas. Pero hay teorías más plausibles, por ejemplo, que apuntan a Mallorca como uno de los lugares del posible nacimiento de Colón. Incluso hay algún documento que apunta en esa dirección. De todos modos, es mucho más creíble que la historia de su nacimiento en Barcelona. Y luego hay otros que incluso niegan que el catalán sea una lengua románica y algunos lo equiparan al euskera, lo que no deja de ser una aberración científica. Estas teorías y manipulaciones son las que hacen perder credibilidad a un movimiento como el que existe en Cataluña”, dice a El Confidencial un alto cargo de un partido político que también cotiza a la ANC. Y todo a pesar de que entre los crédulos se encuentra ni más ni menos que el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que felicitó públicamente al Institut Nova Historia por su labor en las investigaciones que lleva a cabo.

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Cultura Virales

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